Tal y como se nos prometió, los chicos del laboratorio de PC Actual han continuado su reportaje sobre emuladores para PC en este nº de Diciembre. En esta segunda parte nos centraremos más en los emuladores y los buenos recuerdos que nos traen al ver en la pantalla de nuestro PC ese juego al que estabamos viciados de pequeños. También se tratan los emuladores de sistemas operativos que son los que más usan los propietarios de plataformas alternativas a la PC-WIntel, como emus para Linux o MacOS. Por último, se nos analiza la aplicación Basilisk II, que emula un Mac en nuestro PC, pero el análisis ya lo dejo paa la revista; a nosotros los que nos interesa es el artículo sobre la emulación. Nada más, te dejo que te sumerjas en esta más que interesane lectura..
Sitio Original del Artículo: Revista impresa
PC Actual, año XII, Nº 125, Diciembre de 2000, página
286.
Enlace de Interés: Web
de PC Actual
Fecha
del Artículo: Diciembre de 2000
Artículo por: Javier Pastor
Nóbrega (jpastor@bpe.es), del
equipo del Laboratorio de PC Actual
Transcripción y adaptación
por MrNet
PCs con múltiple personalidad
Cómo disfrutar de varios sistemas en
una misma máquina
La emulación de otras arquitecturas y sistemas
operativos ofrece al usuario posibilidades excelentes a la hora de aumentar
la productividad. Si no está contento con Windows, siempre podrá
utilizar en la misma máquina Linox, MacOS o AmigaOS, y aprovechr
mejor cada plataforma.
— Javier Pastor Nóbrega (jpastor@bpe.es)
Tras la primera entrega dedicada a los
emuladores de consolas y recreativas del mes pasado, éste ns centramos
en la emuación de arquitecturas presentes en los microordenadores
de principios de los 80 y las posteriores apariciones que protagonizaron
los Apple, Amiga u otros sistemas operativos como Linux. En nuestro PC
no hay por quélimitarse al uso de un único sistema operativo
y sus correspondientes aplicaciones. Gracias al uso de estos programas,
es posible disfrutar de las posibilidades de otras plataformas sin moverse
de la silla.
• Una pequeña presentación
Los emuladores son programas que permiten
a nuestro ordenador comportarse como si fuera una máquina completamente
distinta. Actúan como «traductores» o intérpretes
entre el software original de la máquina a emular y nuestro PC.
Así, una instrucción máquina de un C64 ininteligible
se convierte, como por arte de magia, en una omprensible para un procesador
de Intel o AMD. Desde luego, éstos no tendrán ni idea de
lo que les están hablando si no fuera por la presencia de dicho
software intermedio.
Existen emuladores de todo tipo de plataformas,
desde calculadoras científicas a arquitecturas mucho más
complejas como las de un Mac o un PC actuales. Consolas, máquinas
recreativas, PDAs, ordenadores de 8, 16 y 32 bits y los sistemas operativos
utilizados en dichas máquinas son los objetivos centrales de estosdesarrollos.
Hoy en día es posible encontrar en InterNet todo tipo de recursos
referentes a la emulación, por muy obsoleta que esté la plataforma
o por muy limitado que fuera su uso.
Para ejecutar estos emuladores necesitamos,
obviamente, un ordenador personal y la aplicación en cuestión.
No trataremos en este artículo desarrollos más particulares
que permiten, por ejemplo, disfrutar de los títulos de PlayStation
en una DreamCast (ver número anterior) o jugar a los viejos títulos
de las recreativas, gracias a MameCE para PocketPC. En la emulación
de máquinas de 16 bits y superiores como Macs, Amigas y Ataris es
además requisito indispensable disponer de la ROM del sistema. Como
comentamos el mes pasado, estas imágenes son muy especiales y le
indican al emulador qué procesador y qué tipo de arquitectura
está emulando, y cómo debe traducir las instrucciones de
modo que el proceso se ejecute correctamente. [Nota de MrNet: no sé
que se quiere expresar aquí exactamente, pero las ROMs no le indican
al emulador cómo deben emularse, para eso están los documentos
técnicos pertinentes, a menos que aquí se refieran al infernal
proceso de la «ingeniería inversa»]. Por último,
debemos contar con el software que queremos emular. Como señalaremos
en detalle más adelante, los programas para este tipo de proceso
permiten instalar en particiones virtuales del disco duro un sistema operativo
compleo desde el cuál lanzar distintas aplicaciones.
• Esos fantásticos 8 bits
Es más que posible que la mayoría
de nuestros lectores hayan tenido la gran fortuna de iniciarse en la informática
con una máquina de 8 bits. Los años 80 supusieron el despegue
de la informática personal, tanto en nuestro país como en
el resto del mundo, gracias a la introducción de estas pequeñas
maravillas tecnológicas.
Buena parte de este éxito lo tuvo
el señor Sinclair. Este eminente caballero inglés aplicó
sus conocimientos sobre arquitectura de computadores a la hora de diseñar
un microordenador Z80 de Zilogic. Su nombre: Sinclair XL, que algo más
tarde pasaría a llamarse Spectrum. Este mítico de la informática
ofrecía unas posibilidades desconocidas para los usuarios, que comenzaron
a hacer sus pinitos con el primitivo BASIC y que vislumbraron todo un muno
de entretenimiento con esos memorables títulos para estas máquinas
de 8 bits. [Nota de MrNet: no puedo resistirme... ¡¡yo como
muchos de vosotros fuí uno de ellos!! a mis 10 añitos ya
estab haciendo cosillas con el BASIC, y flipando con lo que sabía
hacer, esas experiencias me han servido para dominar sin mucho esfuerzo
otros lenguajes de prgramación, le tengo tanto cariño a mi
Spectrum que aún lo conservo con sus cintitas y todo y no me desaría
de él por nada del mundo, al menos para mí, es algo más
que un ordenador].
También fué el despegue
de la tremenda competencia que se da en este mundillo. No tardaron demasiado
en aparecer los desarrollos de otras máquinas ya legendarias (parece
mentira, cuando apenas han pasado 20 años). El Commodore 64, el
Amstrd CPC o el MSX se llevaron su parte del pastel. Con sus limitadas
posibilidades a la hora de interactuar con el sistema (la ROM albergaba
un reducido conjunto de instrucciones y la sintaxis necesaria para poder
programar en BASIC), los desarrolladores de todo el mundo comenzaron a
hacer realidad sus ideas. Saber un poco de ensamblador para Z80 (hoy obligtorio
en la mayoría de las universidades técnicas de informática)
bastaba para crear juegos que nos hacían pasar horas delante de
la televisión del salón.
Todos aquellos títulos que aparecieron
para estos ordenadores pueden ahora ser disfrutados por cualquier usuario
gracias a la cantidad de emuladores para estas máquinas que circulan
por InterNet. en nuestro CD ACTUAL encontrareis algunos de ellos, aunque
siempre recomendamos acudir a las páginas especializadas para poder
acceder a nuevos desarrollos y a las continuas actualizaciones que sufren
estas aplicaciones. En estos casos no se necesitará la BIOS o ROM
del sistema, pero de nuevo se hace indispensable disponer del título
original para poder utilizar la imagen en el PC. Dichas imágenes
pueden encontrarse en esos oscuros rincones de la Red, que sin embargo
advierten del uso legal de las mismas. Si los usurios optan por este método
para conseguir sus títulos preferidos, deben tener en cuenta que
siguen teniendo la obligación de poseer la cinta, disco o cartucho
original y que este método simplemente evita el engorro de transferir
por uno mismo estos formatos a archivos imágenes. [Nota de MrNet:
esto no es cierto, aunque tengas el cartucho, p. ej, del Gunstar Heroes
de la Mega Drive, legalmente hablando, no puedes usar la ROM descargada
de InterNet en tu emu. La única ROM que puedes usar legalmente en
tu emulador y la razón por la que no se puede acabar con los emuladores
aunque empresas como Sony o Nintendo lo intenten es porque tú puedes
usar un dumper (o copión o dipositivo de copia o como quieras llamarlo)
para dumpearte una imagen de TU cartucho y jugar LEGALMENTE.]
• Los 16 bits: la evolución
Algo más tarde en esta línea
de tiempo aparecieron los ordenadores de 16 bits, que ofrcían muchas
más posibilidades y, por primera vez, sistemas operativos propios
que hicieron olvidar muy pronto a sus hermnos mayores (en edad, que no
en prestaciones).
El máximo exponente de esta ola
en nuestro país fueron los míticos Commodore Amiga 500, presentados
en el año 85. Otrs plataformas, como los primeros Apple Classic,
Atari ST o los primitivos y casi ridículos PCs basados en MS-DOS,
no tuvieron ni mucho menos la aceptación populr de esta máquina.
Tanto los Commodore como los Apple se basaban en el procesador Motorola
68000 con un juego de instrucciones totalmente nuevo. En el caso del Amiga,
la revoluión no sólo le tocó al procesador sino a
toda su arquitectura. Cada función tenía un chip dedicado,
de modo que se separaban las funciones gráficas y de sonido que
liberaban al procesador en un concepto sorprendente. [Nota de MrNet: este
concepto se denomina «arquitectura distribuida» y ha alcanzado
su cima con los diseños, p. ej., de la SEGA Saturn y la SEGA Dreamcast.]
La orientación de estos ordenadores se situó desde un principio,
y de manera totalmente equivocada, alrededor del mundo del videojuego,
en el que sin duda los desarrolladores sacaron partido a todas sus posibilidades
y realizaron, una vez más, algunos juegos inolvidables, aunque condenando
a estas máquinas a hacer poco más que desplegar gráficos
y sonido a la vez. Mientras tanto, los primeros Mac e situaban como compañeros
ideales para aquellos profesionales y aficionados a la edición y
al retoque fotográfico, y los limitados PCs acertaban desde sus
comienzos con su orientación empresarial (hoja de cálculo,
procesador de textos), que desembocaría en un mayor interés,
y por tanto, una mayor doversión, para mejorar las posibilidades
de este tipo de plataformas.
| Las indispensables ROMs | ||
| Un fichero de 1 MByte (a veces, la mitad)
es el responsable de que un emulador se ejecute correctamente. Las llamadas
imágenes del sistema son totalmente esenciales a la hora de poner
en marcha los emuladores de Amiga o Macintosh que existen para PC. En ellos
se encuentra toda la información referente a la máquin nativa,
lo que determinará el tipo de traducción que debe llevar
a cabo el emulador. Algo así como si a un inglés le tuviesemos
que traducir el castellano, pero viajásemos por Madrid, Andalucía
o Galicia: los términos son distintos, las expresiones varían
y el contexto cambia el significado de la frase. Así, los emuladores
deben conocer en primer lugar qué tipo de procesador se está
emulando (un 68020 y un 68030 son sensiblemente diferentes para estas aplicaciones),
qué clase de posibilidades gráficas y de sonido se obtienen,
y qué tipo de comunicación se establece entre los distintos
componentes de la máquina. O qué anchos de palabra se manejan,
qué direccionamientos a memoria tiene y qué uso de registros
específicos de una u otra arquitectura permiten ejecutar con con
precisión las aplicaciones finales.
Para conseguirlos, los desarrolladores ponen a disposición del usuario herramientas con las que es posible transferir esta información desde la máquina nativa (Mac, Amiga) a una unidad de almacenamiento (un disquete es lo más usual). Aquí se hace de nuevo patente la máxima de los emuladores en cuanto a la legalidad de su uso: si no posees una máquina original, no puedes utilizar dicha RM en el sistema. |
Es en estos casos cuando los emuladores
disponibles sí necesitan de estas ROMs del sistema. Gracias a estos
ficheros el emulador entiende el tipo de arquitectura implantada en una
u otra plataforma y de tal modo puede determinar qué tipo de traducción
realizará. Debido a la evolución de estas máquinas
y de sus componentes hardware, el poceso es ligeramente distinto entre
unos y otros, por lo que el emulador necesita esta información esencial.
También es posible, por primera
vez en este tipo de programas, instalar los propios sistemas operativos
en nuestra máquina, aunque aún se trataba de interfaces algo
escasos y en la mayoría de los casos los usuarios optaban directamente
por sus sucesores, mucho más completos y que además mantenían
la compatibilidad hacia atrás.
• Emuladores para 32 bits
El siguiente paso lógico en esta
carrera por mular máquinas cada vez más complejas no tardó
mucho en producirse. Las arquitecturas promovidas por Intel y Motorola
y los sistemas operativos de Microsoft, Apple o Amiga fueron pronto el
objetivo de esos curiosos desarrolladores. Esta vez el salto entre arquitecturas
y, sobre todo, en nuevos conceptos aplicados a los sistemas operativos
fué más radical, por lo que aún hoy en día
estos emuladores ofrecen en la mayoría de los casos un rendimiento
notable, aunque generalmente sea inferior al conseguido con la máquina
original.
Un buen ejemplo de esto encontramos en
la emulación de Windows bajo Linux o bajo otro sistema operativo.
Es cierto que la arquitectura que promovió Intel en su día
con su gama de procesadores (que a partir del 386DX trabajaron con un ancho
de palabra de 32 bits) es la más conocida en todo el mundo. Sin
embargo, el sistema operativo de Microsoft utiliza entreotros componentes
sus famosas APIs (Aplication Programming Interface), que no ha liberado.
La emulación de las funciones que realizan las mismas tareas utilizando
estas APIs resulta bastante complicada y a menudo resulta un parámetro
esencial en el rendimiento final del sistema emulado. Así, temas
como los gráficos o el sonido (sobre todo, en lo que se refiere
a Direct 3D y Direct Sound) no están emulados o sólo lo están
en parte.
Pero salvando estas diferencias, las
aplicaciones existentes hoy en día en este campo ofrecen unos resultados
excelentes. Gracias a estos emuladores, podemos disponer de lo mejor de
varias plataformas en nuestro ordenador personal. Como ya comentamos, quizás
el comportamiento final de la máquina emulada no sea tan bueno como
el original, pero en la mayoría de los casos la productividad que
se consigue es tremendamente alta al combinar varias arquitecturas.
Así, existen actualmente emuladores
para las máquinas y sistemas operativos de 32 bits más reconocidos
en el panorama informático. Hay aplicaciones que son capaces de
imitar el comportamiento de un Mac (aunque no exista emulación PowerPC,
y por tanto debamos conformarnos con un MacOS inferior a la versión
9), de un Amiga, de un Atari, o de sistemas operativos como Linux (al que
dedicamos un apartado especial) o el propio Windows bajo otros entornos.
Algunos aparecen este mes en el CD Actual, pero para conseguir versiones
de demostración de otros emuladores o información sobre los
mismos os aconsejamos echar un vistazo a la tabla que acompaña a
este artículo.
| Linux, el rey de los emuladores | ||
| La propia idiosincrasia de los usuarios
de este sistema operativo casi los predisponía a poder utilizar
desde el principio aplicaciones MS-DOS y Windows que mantuvieran los lazos
de contacto entre ellos. Como es normal, el Goliát de esta historia,
Microsoft, jamás ha hecho demasiado por facilitar esta tarea, y
han sido los desarrolladores de Linux los que se han ocupado de mantener
y desarrollar utilidades para este propósito.
La primera en aparecer fué DOSEmu, una aplicación que permitía disponer de un sistema MS-DOS en Linux con el cual ejecutar aplicaciones destinadas a este sistema operativo. La aparición de Windows 3.1 hizo que apareciesen los primeros orientados a ofrecer también las posibilidades gráficas que este entorno brindaba. Wabi de Sun fué un desarrollo que sin embargo no tuvo continuidad, pero su competidor, Wine, es hoy en día uno de los más interesantes. Este proycto ha mantenido la compatibilidad con distintas versiones de Windows, pero en realidad no emula el sistema en sí, sino que permite utilizar aplicaciones Win32 bajo Linux. Gracias al conjunto de librerías suministradas y a una correcta instalación, es posible utilizar Word o jugar al StarCraft bajo Linux sin mayores problemas. Pero han sido estos dos últimos años los más sorprendentes en cuestión de convivencia Linux-Windows. Los dos desarrollos más sobresalientes, VMWare y Win4Lin, se han ganado a pulso una reputación excelente. Ambos son proyectos comerciales (aunque existen versiones de demostración en ambos casos) que abarcan la emulación de Windows desde diferentes puntos de vista. VMWare instala la llamada «máquina virtual», un fichero de sistema (aunque podemos utilizar el Windows nativo de nuestro máquina) en el cual residen todos los datos pertenecientes al SO de Microsoft y las aplicaciones que con él utilizamos. Win4Lin le da otro enfoque a esta compatibilidad, mucho más en línea con los emuladores tradicionales, aunque su instalación es algo más complicada. En ambos casos obtenemos un sistema Windows corriendo bajo Linux con el cuál es perfectamente posible trabajar y utilizar recursos tan útiles como el módem o las tarjetas de sonido sin ningún problema. Trabajar en un documento de Word mientras se compila la versión 2.4 del kernel (apuntito de aparecer, si no lo ha hecho cuando estén impresas estas líneas) es posible gracias a productos como éstos. |
• ¿Y qué se puede esperar?
Una de las grandes cuestiones a la hora
de instalar uno de estos emuladores es la productividad que vamos a obtener
tras la instalación. Lo cierto es que los resultados dependen tanto
de la máquina que vamos a emular como de la plataforma sobre la
cuál correrá la emulación. Como ya se señalaba
el mes pasado, no hace falta demasiada potencia para emular consolas o
microordenadores de 8 bits. Cualquier 486 puede hacerlo sin despeinarse.
Pero cuando se trata de ejecutar un Office 2000 bajo Linux, un Photosgop
de Mac o una demo AGA para el Amiga, la cosa cambia y tiene tanta importancia
el propio emulador como nuestra máquina.
Aquí el rendimiento obtenido tiene
una relación directa con las prestaciones del ordenador personal
sobre el que corre la aplicación. Los factores determinantes, como
en la gran mayoría de los casos, son el procesador y la memoria.
Más ciclos de reloj dan para más instrucciones traducidas
por segundo, y más memoria implica llevar a cabo más operaciones
y con mayor capacidad de una vez. Otros aspectos relevantes como las tarjetas
gráficas y de sonido o los dispositivos de almacenamiento (que también
tienen un papel protagonista en estas aplicaciones) no afectan tanto a
la productividad final.
Por tanto, aconsejamos consultar la documentación
relativa a cada emulador para saber qué expectativas se pueden tener
respecto al rendimiento de los mismos. En general, podemos decir que un
equipo básico con el cual poder ejecutar cualquier emulador con
un rendimiento decente se basaría en un PII con 64 MBytes de RAM.
Las especificaciones referentes al disco duro, tarjetas gráficas
y de sonido son mucho más confusas, aunque evidentemente siempre
será mejor disponer de una aceleradora gráfica para refrescar
a mayor velocidad la pantalla y poder acceder a funciones avanzadas en
cuestiones multimedia.
| MacOS, el gran desconocido | ||
| Los ordenadores de Apple siempre han sido objeto que la mayoría de los «peceros» no han comprendido. El rendimiento de los Mac en relación con el precio, el desconocimiento de su entorno y la oferta de software han sido duros handicaps a los que la compañía de Jobs se ha tenido que enfrentar en nuestro país. Gracias a los emuladores se ha abierto una vía excelente para conocer estas máquinas y sus posibilidades. Los emuladores existentes para Mac son productos tremendamente estables, pero que tienen una gran pega: sólo llegan a emular los procesadores de la familia 680x0 de Motorola. El salto RISC, en el que los PowerPC fueron protagonistas, aún se escapa de estos desarrollos, que sin embargo pretenden ofrecerse en un corto espacio de tiempo. Hasta que llegue ese instante y podamos disfrutar de las excelencias de MacOS 9 (y quién sabe si también de la aclamada y retrasada versión X), los usuarios de PC deben conformarse con utilizar sistemas operativos compatibles con la familia CISC de procesadores y las apliaciones diseñaas para ellos. Existe una buena cantidad de usuarios que poseen un «viejo» Mac (Quadra, Performa), que han abandonado ante la avalancha de productos para el etrno dominio Wintel. ¡Señores, rescaten sus máquinas y sus aplicaciones para Mac! Transfiriendo la imagen del sistema mediante los procesos comentados en este artículo, podremos disponer en nuestro ordenador de un Mac más potente que los originales. Los Quadra o Performa, con procesadores de apenas 40 MHz, se transforman con nuestros Pentiums a toda velocidad en máquinas con el doble y el triple de potencia final. |
• ¿Hardfiles o particiones dedicadas?
Dependiendo del uso que se les vaya a
dar a estas aplicaciones, los usuarios pueden optar por los dos métodos
más frecuentemente utilizados para interactuar con el sistema de
almacenamiento. Por un lado, tenemos los hardfiles, ficheros de
sistema que Windows vé como bloques estáticos de cientos
de MBytes de contenido incomprensible, pero que bajo el emulador se convierten
en estructuras jerárquicas de directorios como las que obtendríamos
en tiempo real.
Como segunda opción, cabe la posibilidad
de que dediquemos una o varias particiones para instalar en ellas el sistema
operativo y las aplicaciones deseadas, con lo que nuestro PC no podrá
acceder a ellas a menos que instalemos soluciones a tal efecto. Es muy
similar a lo que ocurre con las particiones Linux que cualquier usuario
de este sistema operativo puede tener en su máquina. Windows no
puede acceder a estos datos a no ser que utilicemos herramientas destinadas
a ello, mientras que desde Linux sí podemos montar particiones de
todo tipo (FAT, FAT32, NFS, AFS, HFS+, etc.). La primera solución
es adecuada para aquellos usuarios ocasionales que quieran disponer de
un sistema mínimo, que normalmente no pasa de los 100 MBytes de
disco duro, y en el que obtendremos suficiente espacio para instalar el
sistema operativo y varias aplicaciones y juegos. Es un método que,
no obstante, no resulta adecuado para usos intensivos en los que prime
la consecución de un buen rendimiento. La razón de esto es
que el propio sistema de ficheros también es emulado, con lo cual
los accesos a memoria y a estos dispositivos de almacenamiento virtuales
resulta más lento de lo normal. Los sistemas de ficheros son nativos
en cada sistema operativo y determinan la forma en la cual se organiza
la información en los dispositivos de almacenamiento masivo. Así,
Windows utiliza FAT, FAT32 y recientemente NTFS; Apple emplea HF+ y Amiga
AFS (entre otros) mientras que el sistema nativo de Linuc es ext2, aunque,
en este sentido hace gala de una enorme compatibilidad con otras plataformas.
| Rescatando al Amiga | ||
| La máquina que revolucionó
el mundo de los videojuegos apareció en el año 1985 de la
mano de Commodore. Los 16 bits del modelo Amiga 500 daban para mucho, y
este ordenador supuso el comienzo de una época inolvidable para
los que lo usaron. Con una interfaz de usuario que apareció de forma
paralela a la protagonizada por los diversos modelos de Apple, la concepción
y el sistema operativo de los Amiga eran en sí revolucionarios.
Conceptos como multitarea preemptive (tan solo conocida en entornos
Unix), multimedia (con Scala como aplicación estrella) o diseño
3D (Real 3D, Imagine y, sobre todo, Lightwave) se adaptaron a esta plataforma
con meses e incluso años de antelación con respecto a los
PCs. Sin embargo, la mala gestión que Commodore realizó y
la sucesiva compra y venta de los derechos ha dejado muy malparada a una
máquina sorprendente, que una vez más parece querer resurgir
con el proyecto Amiga One.
Mientras eso no ocurra, los usuarios de Linux y Windows podremos disfrutar de todas las posibilidades de estas máquinas gracias a los formidables UAE (Unix Amiga Emulator) en sus distintas versiones y a su competidor Fellow. Ambos emuladores ofrecen distintas características, aunque la versión de Windows de UAE, llamada WinUAE, ha tomado desde hace algún tiempo la delantera y permite emular el chipset gráfico AGA, la gama casi total de procesadores y la emulación de sonido con una calidad excelente. Fellow consigue mejor rendimiento en ciertas aplicaciones (reproducción de las conocidas «demos» y la ejecución de algunos juegos) gracias a que se aprovecha de su versión bajo MS-DOS. Os recomendamos ambos, siempre y cuando, claro está, dispongais de una imagen legal del sistema con la cual aprovechar lo mejor de una máquina realmente increíble. |
Si lo que se busca son los mejores resultados posibles, lo ideal es crear particiones dedicadas para estos sistemas operativos. Los propios programas disponen de opciones que permiten utilizr los espacios reservados (por ejemplo, mediante FDISK) y formatarlos debidamente para a continuación instalar el sistema operativo en cuestión. Con este método lograremos unos tiempos de acceso, lectura y escritura tanto o más rápidos que los originales y un mayor rendimiento general del proceso de emulación. Ésta es la mejor elección si vamos a utilizar frecuentemente estos emuladores para aplicaciones exigentes como las destinadas a las redes e InterNet, las ofimáticas o las de diseño 3D y multimedia.
• Limitaciones y conclusiones
Es conveniente reseñar, sin embargo,
que por muy bonito que suene todo esto, siempre suele haber un «pero».
En este caso se refiere a las limitaciones inherentes a cualquier emulador.
Existen aspectos que estas aplicaciones simplemente aún no pueden
tratar. Es el caso de la utilización de cierto tipo de dispositivos
y de ciertos estándares que en el sistema operativo nativo sí
funcionan estupendamente.
Los ejemplos parecen surgir por doquier.
Las tarjetas de televisión, algunas de red bajo ciertos emuladores,
los protocolos de comunicación y por extensión los de red,
los sistemas de almacenamiento o los dispositivos destinados a jugar son
algunos de ellos. Por supuesto, cada emulador es un mundo y los desarrolladores
documentan claramente el hardware y software que es compatible con sus
desarrollos para que nadie se lleve a engaño. La emulación
DirectX y Direct Sound, como se comentaba en líneas previas, nos
es aún factible en la mayoría de desarrollos para Mac o Linux
(y mucho menos en Amiga), y la utilización de cierto tipo de software
puede dar una equivocada idea de lo que un programa de este estilo puede
o no puede hacer.
No tiene mucho sentido utilizar Photoshop
4.0 para Mac cuando disponemos de la versión 6.0 recién salida
del horno para PC. En estos casos, en los que las aplicaciones exigen un
tremendo esfuerzo al procesador, siempre se podrá optar por la versión
para nuestro ordenador personal si está disponible. Así,
programas de diseño gráfico y 3D o de edición de vídeo
y sonido son candidatas perfectas para el uso de las versiones nativas
y no de las emuladas. En cambio, un procesador de textos o una hoja de
cálculo pueden utilizarse para mantener compatibilidad con un entorno
de trabajo. Por ejemplo, emplear estas aplicaciones bajo el emulador y
recurrir a otras más exigentes en la máquina nativa. Este
tipo de filosofía se está levando a cabo ya en entornos empresariales,
como es el caso de VMWare para mantener la compatibilidad Windows-Linux.
| Juegos para todos | ||
| Probablemente uno de los usos principales
de estos emuladores (al menos para los que se ocupan de imitar a los legendarios
Spectrum, Amstrad, C64 o MSX) sea la ejecución de juegos. Miles
y miles de títulos están disponibles en los rincones oscuros
de la Red esperando a que los usuario los descarguen para disfrutar, nuevamente,
de esos divertidos momentos que pasabamos frente al televisor o el monitor
de fósforo verde. Volvemos a avisar del peligro de utilizar estas
ROMs ilegalmente, puesto que sólo disponiendo del cartucho (MSX),
disco o cinta original se podrá utilizar legalmente el programa
en el emulador. Los creadores de páginas de emulación lo
señalan claramente en sus sites, por lo que conviene asumir
esta responsabilidad.
La buena noticia es la gran calidad que se ha conseguido con estos emuladores. Es más que probable que el ansiado título que buscabamos con ahínco aparezca en algún sitio, lo que evitrá a más de uno la pesada tarea de fabricarse los interfaces. Estos «traductores» son necesarios para pasar primero el contenido del formato original al ordenador, y más tarde desde nuestra máquina compartirlos en ficheros compatibles con el emulador en cuestión. Una vez conseguido el juego, tan sólo hay que copiarlo al directorio adecuado para, a continuación, ejecutar la aplicación y elegir el juego en el menú. Aquellos Maniac Miner, Green Beret, Commando o 1942 volverán con el mismo aspecto de antaño ante nuestros ojos. Y no, no se han vuelto peor con el tiempo. Es curiosa esa primera impresión en la que más de un usuario se sorprende al comparar lo que entonces le pareció «lo no va más» y lo que existe ahora en cuestión de videojuegos. Pero no sólo a 8 bits vivió el hombre, y los otros míticos títulos para máquinas de 16 bits también están perfectamente llevados a cabo. De hecho, es obvio que esto debía de ser así, puesto que el único intermediario en este proceso es un emulador que simplemente le traduce al ordenador ese antiguo ensamblador en el que se movían aquellos títulos. Así, volvemos a los Altered Beast, Cannon Fodder, Leisure Suit Larry, King Quest o Sensible Soccer. Y tampoco les ha ourrido nada a estos últimos, no los han modificado para que parezcan peores, y nuestro ordenador no tiene nada que ver. Es la informática, en general, y los videojuegos, en particular, los que han avanzado de forma espectacular. En realidad esto no importa demasiado. Unos minutos después comprenderemos porque nos pasábamos horas enganchados al joystick. |
Así pues, nos gustaría destacar
algunas conclusiones para finalizar esta introducción. No se debe
contemplar la emulación como un sustituto perfecto de una máquina.
El original siempre es mejor que la copia, como suele decirse. Sin embargo,
estas aplicaciones son perfectamente válidas a la hora de utilizar
recursos que de otro modo sería difícil conseguir: aplicaciones
existentes únicamente en su versión para una plataforma en
particular u opciones que sólo se encuentran disponibles para Mac
o para PC. También son una forma ideal de combinar lo mejor de varias
plataformas y aprovecharlo para manener una compatibilidad en un único
entorno de trabajo y no verse obligados a depender de aplicaciones poco
intuitivas o incómodas para el usuario. Además, son un excelente
punto de partida para conocer otros sistemas operativos, otras arquitecturas
y otras filosofías. Para los que han tenido varios tipos de ordenador
durante su experiencia informática, los emuladores resultan una
forma perfecta de retomar aquellas experiencias y disfrutar de nuevo del
look&feel de otros entornos y sus respectivas utilidades. Y
cómo no, los emuladores siempre serán el medio perfecto para
poder disfrutar de miles y miles de títulos para todo tipo de plataformas
que parecín abocados al olvido y que con estas aplicaciones consiguen
una merecida segunda oportunidad, como si de un mensaje de «extra
life» o «bonus» se tratase. Y ahora si nos disculpan,
vamos a intentar pasar esa fase imposible del BombJack...
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